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Motivación

La mentira o el engaño está presente frecuentemente en el contexto social, independientemente de la edad que posea aquel que las utiliza; es por ello, que gran parte de los investigadores interesados en el tema, reconocen la importancia de éstas, encontrándose en una permanente búsqueda de sus posibles orígenes, detección y corrección a través de la comprensión de sus causas. Ekman (1991) define la mentira como una decisión deliberada de despistar a un destinatario, sin darle una notificación previa de dicho propósito. Existen dos vías para concretar un engaño. Una forma pasiva de mentir es retener la información o el ocultamiento de esta, lo que no implica que la información restante se entregue faltando la verdad. La otra vía es la forma activa, que es retener la información verdadera y presentar la información falsa como si fuera cierta. Por lo general, las mentiras se identifican por ocultamiento antes que, por falseamiento, pues suele ser más fácil disimular una vez descubiertas. Pero en ocasiones para engañar no sólo es necesario ocultar la información, sino también se aplica el falseamiento para encubrir lo que se intenta ocultar. Este uso de falseamiento es necesario cuando lo que se deben ocultar son emociones (Ekman, 1991).

Al ser inexpertos en la detección de engaños desconocemos con certeza si el individuo con el que se interactúa quiere engañar y establecer ciertos parámetros en sus expresiones corporales que nos lleve a inferir un estado mental que no es el real (Baron-Cohen et al., 2007). Dado lo anterior se ha realizado una gran cantidad de investigaciones al respecto, como (Calvo & D’Mello, 2010) inspirados por la emoción como visualizador de expresiones e informados por una considerable investigación, que identifica las características faciales de la emoción. En donde cada vez son más comunes los sistemas de computación afectiva que usan la detección de expresiones faciales.

Es conocido que las expresiones faciales son el principal medio de comunicación corporal; de hecho, con sólo mirar a una persona a la cara, es posible deducir sus sentimientos y su estado mental. Cuando la gente habla puede distorsionar las expresiones e interpretar favorablemente o lamentablemente cuando se actúa de buena fe o intentan engañar. Existen investigaciones y publicaciones de expertos que demuestran la posibilidad de detectar el engaño a través del lenguaje corporal, identificando ciertos patrones que ayudan al cazador de mentiras a determinar efectivamente si está o no frente a una persona que está tramando un engaño (Ekman, 1991). Una noción que tiene amplia aceptación entre los investigadores es que los mentirosos tienden a exhibir un patrón particular de movimientos de los ojos. Con esto se puede deducir el estado mental que está desarrollando el individuo, en especial si está tratando de elaborar una idea o mentir. Estas técnicas que interpreta los accesos oculares y el pensamiento son trabajadas por terapeutas en Programación Neurolingüística (PNL), que tiene como objetivo mejorar la vida de las personas por medio de una amplia colección de técnicas psicológicas (Wiseman, Watt, Brinke, Porter & Couper, 2012).

Entre los métodos de investigación narrativos y metodologías cualitativas de investigación, el análisis narrativo ha tomado fuerza en las disciplinas de las Humanidades y las Ciencias Sociales, con desarrollos principales desde la ´década de 1970 (Riessman, 2008)

En pos de la búsqueda de soluciones científicas y comprobables que ayuden a obtener detalles y evidencias en el reconocimiento de mentiras, es que se ha propuesto que el análisis de expresiones faciales, corporales e indicadores fisiológicos pueden ayudar en la detección del engaño. Pero cabe destacar que al no tener el 100% de precisión, deben ser validadas y apoyadas por expertos del área de psicología con experiencia comprobada. En este caso el uso y análisis de las expresiones faciales y movimientos oculares deben contar con expertos que cuenten con entrenamiento en el uso de la herramienta creada y que además se haya validado el conjunto de datos estandarizados.